miércoles

El discurso del Rey… analizado

Todos alguna vez hemos mantenido (o al menos escuchado) una conversación con una persona tartamuda, y por tanto sabemos bien que tan nervioso puede ponernos y cuanto más trancado esta el tartamudo más nervioso nos ponemos y por tanto más alterado se pone el tartamudo, entrando en una espiral que termina generando un discurso entrecortado casi silábico, perdiéndose el mensaje de fondo, haciendo foco sobre la dificultad, en particular sobre la cara de quien se esfuerza en sacar algún sonido y cada vez esta mas roja de la impotencia y vergüenza.

Seguramente a más de uno llegado ese punto le dieron ganas de sacudirlo repetidas veces para destrabarlo y que fluyan sus palabras. De tener la certeza que esa acción ayudaría habría muchos voluntarios para esas sacudidas.

Imagínense esta situación en un personaje de la realeza británica con aspiraciones (aunque al comienzo lejanas) al trono y en vísperas de la segunda guerra mundial. Se complica bastante verdad.

El Duque de York (interpretado genialmente por Colin Firth) luego de transitar por numerosos tratamientos con prestigiosos profesionales termina entregándose a su síntoma y desiste de todo tratamiento posible. Pero frente a la tenaz insistencia de su esposa Isabel (Helena Bonham) accede a consultar en un último y desesperado intento, entrando en escena el tan singular terapeuta del habla: Lionel Logue (Geoffrey Rush)

Ya de entrada Lionel muestra su peculiar y heterodoxa forma de atender, encarando con unas ínfulas aun mayores al futuro Rey, pero solo sostenido por su propio ego. La realidad indica que es un frustrado aspirante a actor devenido terapeuta del habla sin ningún titulo que lo avale.

No tiene títulos pero tiene algo importante para todo tratamiento: sabe escuchar y leer el discurso del paciente más allá de sus palabras. Además tiene su propia técnica que incluye señalamientos e incluso interpretaciones, interviniendo de diversas formas con tal de llevar adelante el tratamiento, o la dirección de la cura podríamos decir.

Lionel provoca al Duque de entrada llamándolo Bertie como solo en su espacio íntimo familiar es llamado, bajándolo de su pedestal y diciéndole en el mismo acto acá sos una persona de carne y hueso con dificultades, y yo soy el que sabe acerca de esas dificultades. Lionel le plantea cuales son las reglas de entrada si quiere tratarse tiene que aceptarlas, al igual que hace cualquier psicoanalista, marcando el encuadre.

A pesar de todo eso solo consigue hasta el momento el rechazo de Bertie a su forma de actuar, rehusándose a participar del juego que le presenta levantándose con intenciones de irse. Es ahí cuando Lionel juega una última carta que marca el comienzo del tratamiento, al ponerle auriculares con música fuerte y pedirle que lea un texto en voz alta de Shakespeare, casualmente conteniendo la frase ser o no ser. Luego de unos pocos párrafos y convencido de su fracaso el Duque se retira airado, frustrado y con un disco.

Se lleva su propia voz grabada para escuchar luego y ahí es donde cae en la cuenta que sin percatarse había logrado leer sin tartamudear en un perfecto y fluido lenguaje.

Con muchas tensiones que marcan idas y vueltas, cercanías y lejanías de a poco Logue va logrando establecer un vínculo sostenido en el desconocimiento sistemático a la presencia real, a la sangre azul. Cuanto más se aferra el Duque en llevar la cosa a un plano formal y de títulos (insiste en llamarle Dr. a pesar que le reitera que no lo es) más Lionel lo trata informalmente. De esta forma sin quererlo Lionel saca al Duque de ese lugar tan incomodo que le resulta ser, hasta ahora: portavoz del Rey, su propio padre. Lo devuelve a un lugar mas descontracturado donde pueda mostrarse y actuar acorde a lo que es y siente, independientemente de lo que se espera de él, otorgándole mayor libertad y soltura por un lado pero llevándolo (empujándolo por momentos) a que se haga cargo de sus actos en tanto sujeto singular mas allá de sus deberes como gobernante.

Con la vacilación como carta de presentación comienza su tratamiento en donde el síntoma esta claramente instalado y por tanto es más difícil de mover sin generar consecuencias importantes. Hay una escena muy grafica en donde Lionel le dice a Bertie: tartamudeaste la b, y este responde si es mi carta de presentación.

Por eso en la clínica con los pacientes antes de intentar remover un síntoma hay que saber bien que lugar ocupa en la estructura del paciente, que función ocupa. Hay síntomas que lo son todo y si le sacamos eso no le queda nada.

A pesar de la gravedad del síntoma y de los frecuentes fracasos en sus discursos Bertie cuenta con dos personas que creen en él, ellos son en primer lugar su esposa y en segundo su terapeuta. Vemos en una escena como la aparente confianza del padre se cae rápidamente frente a la imposibilidad del hijo de poder leer el discurso, enrostrándole toda la furia de la decepción, humillándolo y retirándose enojado. De la posición de la madre frente a esta situación sabemos poco y nada.

Al morir el Rey Jorge V, el hijo mayor y hermano de Bertie lo sucede en el trono como Eduardo VII, siguiendo con sus costumbres poco aceptadas para la época y la realeza. Ese reinado destinado a fracasar termina abruptamente con la abdicación al trono de Eduardo para casarse con una plebeya y además porque el peso era demasiado sobre sus hombros, resultándole insostenible ese lugar, mostrando su debilidad detrás de una fachada de fortaleza y desprecio por las costumbres.

Finalmente le llega el momento a Bertie de ser Rey, algo que ni siquiera había sido imaginado por él, significándole un gran esfuerzo reemplazar a su hermano en el trono con el nombre de Jorge VI siguiendo el linaje de su padre. Le resulta muy difícil porque en el subyacen dos posiciones antagónicas ya que por un lado le esquiva lo más que puede al hecho de ser rey pero por otro lado en el fondo, (muy adentro), el anhela y desea serlo. Pero eso implica primero que se muera su padre y luego su hermano o que abdique como finalmente ocurrió. Cuestiones que lo ponen de frente con la rivalidad y agresividad edípica pero que él no puede poner en juego para ganarse su lugar. En vez de eso viene la tartamudez.

Esa tartamudez que parece ser un bloqueo ante figuras críticas y la educación muy severa recibida por su padre autoritario y las altas expectativas puestas sobre él y en contrapartida su creencia en que no va a poder responder. Eso se ve en el retroceso que sufre al enfrentar a su hermano (en ese momento el Rey) volviéndole la tartamudez repentinamente al encontrarse de frente con el desprecio y ninguneo, no logrando mantener su posición en la discusión al quedarse sin palabras. Esto de alguna manera pone en evidencia la agresividad latente subyacente a la tartamudez, agresividad que logra salir en cuotas pero que en general esta muda o entrecortada al igual que las palabras por el gran control que tiene sobre sus emociones.

El no tiene voz en su familia de origen y es boicoteado reiteradamente, siendo incapaz de decir algunas cosas que le pasan como el maltrato al cual fue sometido en su infancia por parte de la niñera.

Por otra parte la madre nunca se hizo cargo de sus hijos dejándolos librado a esa cuidadora o mas bien maltratadora. Figura materna bastante poco contenedora y hasta ausente de sus deberes maternos. Esa función de alguna manera la realiza su propia esposa quien lo lleva al tratamiento e insiste para que lo mantenga siendo un sostén fundamental, apoyándolo incondicionalmente, resaltando sus virtudes pero también criticándolo cuando es necesario. Le permite pararse desde otro lugar y eso se ve a nivel familiar con sus propias hijas y lo bien que desempeñaba su rol de padre.

Y en tanto Rey y principal figura de Inglaterra la tartamudez adquiere dimensiones mayúsculas por la posición de poder y relevancia de su portador y por el momento histórico en que lo ubica.

La palabra del Rey a sus súbditos no puede ser dicha con vacilaciones, todo líder que pretenda serlo tiene que ser claro, seguro y firme. En cambio Bertie no lograba terminar sus discursos públicos interrumpidos por su angustia y desazón producto de su incapacidad de expresión sumiendo a todos en el desconcierto total.

Queda claro que en los momentos de mayor angustia o agresividad aparece el tartamudeo que viene a suplir y anular esas emociones primando por sobre todo. Lo paradójico e interesante de ver es que puede tolerar más el tartamudeo que soltarse emocionalmente y dar rienda suelta a la agresividad.

La felicidad del final de la película en donde todos lo felicitan por dar correctamente su discurso dejando de lado que en esas mismas palabras se estaba entrando en guerra con Alemania, deja muy claro la enorme angustia que genera en el otro (incluso más aun que en quien tartamudea) y el inmenso alivio que sienten al poder escucharlo sin sufrir esa angustia. Alivio liberador que deja de lado incluso el terrible contenido del discurso, lo cual es muy paradójico.

En ese discurso final no es que pudo dar el discurso porque dejó de tartamudear sino que puede darlo porque finalmente se apropia del lugar de quien dice.

Logra vencer la dificultad para asumir su propia voz al escucharse y por tanto deja de vigilar y controlar lo que piensa y sobre todo lo que dice.

Para lograr eso hubo dos momentos fundamentales, el primero es cuando en la preparación para la coronación Lionel realiza una intervención brillante en lo real, ocupando el trono, recostándose en el y desatando así la furia del futuro Rey, provocando que actúe por primera vez desde la posición de Rey.

La segunda se da luego de asumir como Rey, cuando va con su esposa a la casa de Lionel y repentinamente entra su esposa, escondiéndose este temerosamente porque aun no le había dicho que el Rey era uno de sus pacientes. Frente al intento de ocultarse de Lionel, Bertie ya en calidad de Rey y tomando la iniciativa sale a dar la cara, cortando con su postura pasiva habitual.

Ahí asume su rol abiertamente en lo que es, el Rey y portavoz de su discurso, hablando por si mismo y en nombre propio.

El Rey Jorge VI y Lionel Logue mantendrán a lo largo de los años una buena amistad e incluso, a pedido de Lionel, le otorga haciendo uso de sus potestades un titulo nobiliario, siendo el primer titulo otorgado en la historia por la corona británica a una persona, en agradecimiento por los servicios brindados.

4 comentarios:

  1. esto de para quién hablamos, desde dónde nos oímos (desde que discurso), y como nos transformamos en sujetos del discurso propio o del ajeno, ajeno a quién?. me gustó el artículo

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  2. Me gusto el comentario donde describe el trabajo del profesor como un viculo sostenido en el deconocimiento de los títulos y que Leonel lo trata más informalmente. Al leerlo me hizo pensar que cuadno más Rey se cree, más payaso parece el Rey, aunque lo avale un pueblo.
    Gustavo de Arte En Psicoanalisis.

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  3. Hay un detalle imperdible. En el discurso final, el rey tartamudea ligeramente en una consonante, y cuando Lionel se lo hace notar, el rey replica: "Si no lo hubiera hecho, no habrían reconocido que era yo quien les hablaba". Me parece una perla: el resto sintomático funciona como equivalente a un nombre, y el desafío es cómo arreglárselas con él. Es un excelente ejemplo de la última teoría del fin del análisis, presentada por Lacan a mediados de los '70. "Savoir y faire avec son sinthome", that's the question!

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  4. Muy buen detalle sin dudas Gerardo, en una versión previa a esta lo maneje, pero no se porque luego lo saque. Totalmente de acuerdo en eso del saber hacer, que es lo que se da aca claramente, y a pesar de no ser desde lo psicoanalitico tiene sus efectos de modificación subjetiva.

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