Cultura Clínica y Psicoanálisis, es un lugar donde ex -poner trabajos publicados o presentados ante un público. Algunos con posteriores modificaciones. Este blog representa el recorrido realizado hasta el momento, nunca en línea recta, pero embarcado siempre en la apuesta al Psicoanálisis, no solo a la Clínica Psicoanalítica, sino también a la posibilidad de analizar los fenómenos cotidianos que componen nuestra cultura y que dejan su huella muchas veces imperceptiblemente. También agrego aquí aquellos temas que vengo trabajando actualmente. Espero sus comentarios…



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sábado 18 de abril de 2009

Sybil: ¡¡Me han robado mi pasado!! (2003)

“Esperamos algo semejante respecto a las enfermedades neuróticas
de siglos anteriores, y así ocurrirá, en efecto,
con tal de que estemos preparados para reconocerlas
bajo rótulos diversos que los de nuestras neurosis de hoy”. (2)

Actualmente asistimos a la dilusión progresiva de las estructuras freudianas en manos de los cazadores de síntomas, con la consecuente dificultad para el diagnóstico y tratamiento de los estados delirantes, en particular de lo que otrora se llamara “la Gran Histeria”, ya que esta entidad ha desaparecido del discurso psiquiátrico y de los manuales de consulta a favor de diagnósticos de psicosis. ¿Esto significa que se han agotado las locuras histéricas o que actualmente están cubiertas por un manto de esquizofrenización? Todo parece indicar que es esto último.
Pero no echemos toda la culpa a Psiquiatras, Psicoanalistas o Psicólogos, démosle algo de mérito a la gran sugestionabilidad e imitabilidad de los histéricos, quienes son capaces de apoderarse de modelos patológicos que les son propuestos por la cultura. No es casual que las distintas manifestaciones que presentan vayan cambiando acorde al modelo dominante. Hay que tomar en cuenta que antes de la publicación del libro “Sybil”(3), en 1973, y que éste fuera llevado al cine en 1976 (4), solo se habían reportado 75 casos de “personalidades múltiples”; desde entonces se han diagnosticado alrededor de 40.000 casos, sólo en Estados Unidos y Canadá.
Trabajaré entonces sobre este caso poco común en la literatura Psiquiátrica y Psicoanalítica, primeramente con la presentación y desarrollo del libro, y posteriormente con el análisis desde otra perspectiva.
Henrietta Anderson (Hattie) y Willard Dorsett, ambos de 27 años, se casaron en 1910. En un periodo de trece años, anterior al nacimiento de su primera y única hija, Sybil, Hattie tuvo cuatro abortos y posteriormente uno más.
Según Schreiber, el embarazo de Hattie fue desconocido para sus vecinos hasta el nacimiento de Sybil, ya que Willard le prohibió salir de la casa durante el mismo. Willard decidió que el nombre de la niña fuese Sybil Isabel Dorsett, en contra de la voluntad de Hattie, quien desconoció esta decisión y generalmente llamaba a su hija Peggy Lousiana, Peggy Ann o simplemente Peggy.
Tras el parto, una fuerte depresión que duró varios meses inutilizó a Hattie para cualquier tipo de tarea, y el único contacto que tenían madre e hija era para amamantar. Los otros cuidados que recibió Sybil provenían, en parte, de un ama de llaves y mayormente de la abuela Dorsett, quien se erigiría en la figura principal para la niña, con ella compartía todos los secretos.
Por el contrario, su abuelo paterno no agradaba a Sybil. Siguiendo a Schreiber, debido a que tenía una pata de palo, carácter sombrío y pasaba todo el día hablando del fin del mundo, de Armagedón, las siete plagas y el miedo a que los católicos tomaran el control del país. Este discurso también era reproducido por Willard y Hattie. Cuando Sybil tuvo cuatro años, su abuela sufrió una embolia. Desde entonces, a veces no sabía lo que hacía y vagaba por el pueblo sin rumbo fijo, siendo Sybil quien la iba a buscar cuando esto sucedía.
Cinco años más tarde la abuela enfermó de cáncer en la nuca y falleció al poco tiempo. A Sybil no le fue permitido despedirse de ella, y durante todas las horas que duró el velatorio, sus padres la dejaron sola en la parte de arriba de la casa, mientras el velatorio se desarrollaba en la parte inferior. Según los datos provistos por Schreiber, Sybil no pudo llorar y relató que en el cementerio, su intento de avanzar hacia la tumba fue impedido por alguien que la tomó del brazo. Siguiendo a Screiber, al instante siguiente Sybil se encontraba en clases en quinto año de escuela sin haber terminado tercero, sin haber cursado cuarto y sin recordar tampoco haber empezado quinto. Tampoco se acordaba de haber cumplido 10 ni 11 años. Todo era nuevo y diferente.
La primera vez que durmió sola fue ese día, luego de dos años de “ausencia”. Algunos años antes Hattie había destinado un dormitorio arriba para ella. “Sin embargo por alguna razón Hattie jamás se había decidido a trasladar allí la camita de Sybil”. “Era la primera vez que pudiera recordar, que no tenía que enfrentarse con el drama siempre presente de la alcoba”.(5)
“Durante nueve años, Sybil había contemplado las relaciones sexuales de sus padres que formaban parte fija e inalterable de su vida, y representaba un contraste notorio con el decoro y frialdad excesivos de su comportamiento diurno”.(6)
“Tres o cuatro noches por semana, año tras año, desde que nació Sybil hasta que tuvo nueve años, la relación sexual de sus padres tuvo lugar dentro de su campo visual y auditivo. Y no era raro que el pene erecto resultase visible a media luz”.(7)
Como si esto fuera poco Hattie sacaba las sábanas por lo que se podía ver claramente lo que pasaba.
La primera “personalidad” que apareció fue Ruthie, a los tres años y medio de Sybil, para impedir que esas relaciones se llevaran a cabo, hasta que su padre le dio una paliza por eso.
Por otra parte, entre los tres y cinco años, cuando su madre la llevaba de paseo por el pueblo, defecaba (Hattie) en los jardines de los vecinos e incluso llegó a hacerlo en su propio sótano: llevando a los hechos la premisa: “Me cago en todo el mundo”.
En la depresión del 30 Willard perdió todo y se tuvieron que mudar a un pueblo pequeño en las montañas. Hattie quedó catatónica, requiriendo los mismos cuidados que un bebé.
Schreiber plantea que Hattie salió de la catatonia varios meses después, en un episodio de risas estridentes, mientras bajaba en un trineo sin control por la ladera empinada hasta darse contra un árbol que puso fin a su alocado descenso.
A los trece años, los síntomas conversivos de Sybil habían sido diagnosticados por el médico del pueblo y consistían en que la mitad del rostro y el correspondiente lado del brazo se quedaban entumecidos. Notaba una debilidad en el costado, tenía casi constantemente dolorida la garganta y le costaba tragar; además, a menudo le faltaba la visión en un ojo, y tenía varios tic nerviosos y constantes cambios de humor que escandalizaban a todo el pueblo. También padecía del “mal de Sydenham”.
A los 27 años consultó por primera vez a la Dra. Cornelia B. Wilbur que en ese entonces todavía no era Psicoanalista, y quien, ante la situación, recomendó la internación y Psicoanálisis. Para esto último, Sybil tenía que viajar a otra ciudad, cosa que no agradó a su padre, aunque finalmente éste accedió, luego de consultar al pastor de su parroquia. Su madre contactó telefónicamente a la Dra. en presencia de Sybil, pero el día anterior a la partida se enfermó de neumonía y de la garganta, por lo que el viaje se suspendió indefinidamente. Años después, Sybil se enteraría que su madre jamas hizo esa llamada.
En 1954, a los 31 años, Sybil viajó a Nueva York en búsqueda de la Dra. Wilbur para comenzar el análisis. Para costearse mejor los gastos alquiló un apartamento con otra mujer, Teddy Reeves, quien se convertiría en su amiga incondicional.
Luego que empezó el análisis pagado por su padre, Sybil comenzó a interesarse en la literatura psiquiátrica. Le importaba conocerse y creía que cuanto mejor conociera los síntomas, mejor los podría ocultar a otros. En realidad los síntomas proliferaban a medida que avanzaba el análisis.
Por ese entonces su novio y compañero de estudios de la carrera de medicina, le pidió matrimonio y ella lo rechazó, incluso frente a la proposición de él de tener un matrimonio “asexuado”. Wilbur se preguntó como una mujer inteligente aceptaba relacionarse con un hombre que aparentemente no tenía impulsos sexuales, lo cual deja al descubierto su desconocimiento sobre algunas características de la histeria.
En la sesión del 21 de diciembre de 1954, luego de tres meses de análisis Sybil Isabel Dorsett le dijo a la Dra. Wilbur:
“Quiero que vea una carta que he recibido esta mañana de Stan”(8) (el novio)
Cuando abrió su bolso, vio que había solo la mitad... rota, sin saber qué había pasado en el camino desde que la abrió y la leyó hasta la consulta. ¿Quién la rompió?, ella no lo había hecho.”
“De nuevo había pasado aquello, esa cosa terrible que sucedía de vez en cuando. La había seguido hasta aquí, hasta el refugio que era la consulta de la doctora, la había seguido aquella sombra negra que la acompañaba a todas partes”.(9)
En ese momento Sybil tuvo un cambio, se metamorfoseó y su rostro contorsionado por el miedo y la furia indicaba que algo iba a pasar. Saltó de la silla, rompió lo que quedaba de la carta, se aproximó a la ventana gritando angustiada, “déjeme salir” y acto seguido la golpeó con el puño, haciendo añicos el cristal. (¿Por qué no se dirigió hacia la puerta? Porque se estaba llevando a cabo una escenificación).
Luego su discurso se perdió en una fuga de ideas acerca de sangre y muerte, un episodio de cuando tenía 10 años y la muerte de un amigo en un accidente estando ella presente. Como Wilbur tenía la impresión de estar tratando con alguien diferente le preguntó: “¿quién eres?”. (10)
- “Es que no ve la diferencia, soy Peggy, Peggy Baldwin”(11)
Esa fue la primera de una serie de apariciones, transformaciones y desdoblamientos de las 16 “personalidades” de Sybil durante los 11 años que duró el tratamiento.
Después de esa experiencia, la Dra. le explicó lo sucedido en los siguientes términos:
- “No te asustes. Estabas en un estado de conciencia diferente. Tuviste lo que llamamos una fuga. Una fuga es un estado importante de disociación de la personalidad caracterizado por una amnesia y la huida física del ambiente inmediato”.
- “Entonces ¿no me culpa por ello?, preguntó Sybil.
- No, no te culpo, esto no tiene nada que ver con la culpabilidad”(12) (Como veremos, Wilbur no se percató que la culpa efectivamente jugó su papel).
Dos sesiones después, Wilbur la recibe diciéndole: “entra Peggy”.(13)
Aquí vemos cómo, desde el inicio, Wilbur ya las toma como dos personas distintas y claramente reconocibles, lo cual invierte la demanda (como analizaremos más adelante), además de contribuir a la desidentificación.
Tres meses después hizo su entrada al análisis Victoria Antoinette Scharleu (Vicky), personalidad clave ya que posee la continuidad de la memoria y la historia completa de Sybil.
Tiempo después, la Dra. le preguntó:
- “¿Hay más?”
- “Oh sí, sé que hay muchas otras”
Aprovechando el conocimiento de Vicky sobre la existencia de los otros, a la Dra. se le ocurrió una idea inédita: conseguir la ayuda de Vicky en el análisis para contarle a Sybil. “¿Que te parece?”. Vicky le advirtió:
- “Bueno, puede hablarle (a Sybil) Pero vaya con cuidado. No le diga demasiado.
- Creo que debería saberlo. De hecho no veo como puede llegar a parte alguna su análisis si no lo sabe, le dijo Wilbur.
- Vaya con cuidado, reiteró Vicky. Aunque todos los demás conocemos a Sybil, ella no sabe nada de ninguno de nosotros, ni jamás lo ha sabido. No obstante, si quiere decírselo, dígaselo. Pero le aconsejaría que le haga saber que ninguno de los otros haríamos nada que a ella no le pudiera gustar. Dígale que a menudo hacemos cosas que ella no puede hacer, pero que son cosas que no la irritarían si las hiciese otra persona distinta”. (14)
Tiempo después, Sybil y la Dra. Wilbur hicieron un paseo en auto. Esperando que aquella salida fuera un acontecimiento puramente social, la doctora mantuvo su conversación en cosas banales. Al regreso, el diálogo entre los distintos yoes fue:
- “Le importamos, sí le importamos”....(...)
- ...(...)...“A esta Dra. Wilbur le importamos”
Tras esto, todas las personalidades que aún no se habían hecho presente decidieron:
“Iremos a verla”(15) y así lo hicieron.
La primera hipótesis que maneja Wilbur sobre la disociación, es el trauma por la muerte de la abuela, explicándole a Vicky:
“Deben de haberse producido una multitud de disociaciones durante los años que siguieron a los que produjeron en primer lugar las personalidades...(...)...Esas disociaciones deben de haber sido causadas por traumas: la resultante de realidades intolerables contra las que tenían que defender a Sybil cada una de las personalidades”.(16)
O sea que la explicación que puede darnos Wilbur es que las causas son una multiplicidad de traumas, el factor preponderante es el medio ambiente, y en definitiva, las personalidades son una defensa contra el medio ambiente traumático (entendiendo por esto último las supuestas agresiones sexuales a las que fue sometida en su niñez por su madre).
¿Cuál es la estrategia que utilizó? “Desenterrar y analizar los traumas, haciendo innecesaria la defensa contra cada una de ellas”.(17)
Para lograr la integración, había que devolver a Sybil lo que las otras personalidades sabían y tenían de la Sybil original.
“Lo indicado era un ataque acelerado, durante el cual cada personalidad tendría que ser analizada como una persona ‘en sí’”.(18)
Más adelante, al ver que el cuadro clínico se complicaba y las personalidades iban aflorando, la Dra. le explica a Sybil:
- “Esta situación ...(...)... es más complicada que los estados de fuga que ya habíamos discutido. En una simple fuga no existe otra cosa más que una pérdida de conciencia, mientras que en tus fugas sigues actuando.
- Yo siempre las he llamado mis periodos de inconciencia - dijo Sybil.
- Mientras que tú pierdes la conciencia, otra persona toma el relevo.
- ¿Otra persona?(19)
Wilbur siguió presionando y otra vez apareció la suplica: “Déjeme ir, por favor, déjeme ir”. Hasta que Sybil, pálida, huyó del consultorio.
Al día siguiente, la amiga de Sybil, Teedy Reeves llamó a Wilbur:
- “Dra. Wilbur. Sybil Dorsett está hecha pedazos. Realmente ha estallado. No sé que hacer con ella”.(20)
Tiempo después, Wilbur hizo escuchar a Sybil la grabación de las “otras personalidades” y en la noche de la revelación, la paciente tuvo el siguiente sueño:
“En aquel sueño, sus padres y ella tenían que abandonar inesperadamente el pueblo porque el quedarse significaba su fin. Bajo una repentina inspiración, ella había decidido llevar a sus padres a otro pueblo, a inspeccionar una casa en la que podrían haber vivido y estar seguros. Se había sentido muy orgullosa al poder presentarle a su padre los propietarios de la casa...(...) la habitaban siete pares de gemelos y un hijo suelto, cuatro tenían cabello castaño oscuro, los otros tres rubio. El que estaba separado de los otros, tenia el cabello idéntico al de Sybil”
- “¿Qué tal si me presentas a tus hermanos y hermanas? le preguntó Sybil a uno de los chicos mayores”.
Repentinamente, los padres y sus quince hijos habían comenzado a salir de la casa, y Sybil y sus padres a entrar. Cuando Sybil se dio cuenta de que no había tenido lugar la presentación de aquellos muchachos, que todos menos uno, estaban en hilera, emparejados, se despertó.(21)
En éste sueño para la analista se ve el paralelismo entre esos siete pares de gemelos, y las personalidades de Sybil que siempre aparecían de a dos, quedando al descubierto la relación especular que se estaba jugando en el análisis en relación al lugar que ocupaba el analista. Además de que el que no estaba alineado tenía el pelo igual que Sybil. Al igual que ella, quedaba por fuera, no alineada con todas esas personalidades, no sólo por su desconocimiento de ellos sino también por lo extraños y ajenos que se le presentaban. En total, todos sumados, más ella, son 16, igual al número de personalidades de Sybil.
Los últimos años de tratamiento consistieron en devolverle a Sybil los recuerdos y experiencias que tenían los demás, haciéndole escuchar horas y horas de grabaciones de las otras personalidades. Además de tomar psicofármacos, Sybil pidió que se le dieran electroshocks para tratar sus reiterados intentos de suicidio. Posteriormente se le administraron inyecciones de pentotal sódico, y por ultimo cuando todo eso fracasó, probaron con hipnosis a sugerencia de Wilbur.
A través de la hipnosis se fueron repasando y reviviendo los traumas de las distintas edades, y así fueron avanzando, cubriendo las lagunas del tiempo. En el año 62 eran frecuentes los viajes con Wilbur a otras ciudades e incluso muchas sesiones de hipnosis ocurrieron durante esos viajes.
Años después de morir Hattie, Willard volvió a casarse y Sybil fue a visitarlo por primera vez en mucho tiempo. Esa noche se quedó a dormir en casa de su padre y tuvo el siguiente sueño:
“Estaba en la misma cama que durmieron sus padres durante su infancia, su madre estaba muerta y ella había ido expresamente a visitar a su padre. Había una sola cama y ella estaba de un lado y su padre dormía a su costado. Se despertó de repente y vio el rostro de un hombre en la ventana. Se movieron los labios. El extraño le estaba diciendo
algo a alguien a su costado: “Se están apareando”... (22)
Ella llama a la policía pero hacen caso omiso a su pedido de ayuda. ¿Frente a que se quiere defender? Claramente de su deseo de acostarse con su padre y la culpa que eso conlleva.
Al morir su padre, Sybil se quedó sin el apoyo económico para pagar el análisis, por lo que los últimos 3 años no pagaba, pero las sesiones diarias se seguían acumulando.
“Era una inversión de la Dra. Wilbur”(23). In-versión ¿Una versión adentro, producto del análisis?
A sus 39 años Sybil quedó dependiendo de sus amigos, que le pagaban el alquiler y le compraban ropa, e incluso salía de compras con su analista quien también le pagaba la ropa. Era totalmente dependiente.
A pesar de dar clases de arte y trabajar en un hotel como recepcionista, el dinero no le alcanzaba.
Sobre el final del análisis conoce a Ramón, un colombiano, y se enamora de él, pero termina rechazando su propuesta matrimonial, al igual que años antes había rechazado otra propuesta. Luego Sybil se pregunta: “¿He estado usando el ser una personalidad múltiple como una mascara para los verdaderos temores que me mantienen apartada de lo que más deseo?”(24) Pregunta pero no responde; aunque la respuesta es obvia, si se aparta de lo que más desea se mantiene el deseo insatisfecho.
Por ese entonces “... estaba teniendo lugar en su interior una tremenda reorganización de esa personalidad. El pasado se fundía con el presente y las características de cada una de las personalidades con las de las otras. El pasado regresaba y con él la niña original llamada Sybil, que no había existido como entidad desde que tenía tres años y medio. (...) Después de treinta y nueve años, el reloj ya no resultaba incomprensible”.(25) Y los ladrones del tiempo se habían ido.
El 2 de septiembre de 1965 Wilbur anotó: “Todas las personalidades se han convertido en una”.(26)

Realicemos ahora un análisis desde una perspectiva diferente a la planteada por Wilbur o la propia escritora del libro. Una dirección que no se agote en el trauma sexual infantil supuestamente sufrido a manos de su madre, como respuesta a los síntomas de Sybil.
Los ejes de análisis girarán en torno a: la culpabilidad masiva, el drama de lo imaginario y la importancia de la novela familiar. Estos elementos, además de brindarnos un diagnóstico diferencial con la psicosis (teniendo en cuenta que algún osado piense que esto es una psicosis), involucran a la fantasmática de Sybil y por tanto la relación entre el deseo y el goce.

La culpabilidad masiva
Jean Claude Maleval plantea que en las locuras histéricas, cuando el juego de la dialéctica del deseo está trabado, surge la culpabilidad masiva, en donde se puede apreciar la castración simbólica, puesta de manifiesto en los impedimentos que significan algunos síntomas conversivos o incluso formando parte del delirio en las vivencias de despersonalización.
La culpabilidad surgiría de un fracaso de la represión y el consecuente regreso de lo reprimido, que es proyectado con cierto velamiento en el exterior.
Durante los 11 años que duró el tratamiento de Sybil (27), el alzamiento parcial de la represión hizo posible captar el inconciente de una mejor forma, pero la presentificación de los fantasmas incestuosos que aparecen claramente en los sueños y delirios, complicó todo el tratamiento por la culpa que esto generaba, con la consecuente necesidad de castigo, que era buscado por varios medios: ya sea a través de la rotura de vidrios y posterior pago (causaba destrozos en locales de venta de cristalerías lo que le costaba cientos de dólares), hasta los intentos frustrados de suicidio.
Es claro que en esas acciones llevadas a cabo por “otros”, hay un no asumir la responsabilidad de su yo en ellas, cargándoselas a otro.
- No eres tú, la Sybil primaria, que representas a la mente conciente, sino las otras, que pertenecen al inconciente, las que están huyendo, explicó la Dra.”.
“¡Oh Dra., tengo miedo, mucho miedo! Es una situación a la que jamás me acostumbraré. Esas otras me manejan, me poseen, me destruyen”.(28)
La culpa que invadía a Sybil era en gran medida fomentada y sostenida por la relación claramente incestuosa en que se encontraba con respecto a Wilbur, en donde la disparidad subjetiva no se dio, dejándola atrapada en una relación especular, imaginaria. Y sabemos que inevitablemente eso conlleva cierta agresividad.
Esos episodios quizás se hubiesen evitado si la analista se hubiera mostrado menos comprensiva con respecto a las dificultades económicas, al punto de culpar al padre por no pagar. Pero la relación de dependencia hacia el padre no se analizó; tampoco el goce que implicaba ese pago de un padre hacia la hija quedando ésta atrapada en un vínculo incestuoso, y sin forma de salir de ahí. Recordemos que la única entrevista que tuvieron Wilbur y Willard fue con motivo del incumplimiento del envío del dinero, además de que Sybil “casualmente” estaba pasando por su peor momento. En ese encuentro Wilbur le reprochó duramente a Willard por su “desconocimiento” de lo sucedido entre Sybil y su madre, además de ser mal padre por no enviarle más dinero. Hay un claro posicionamiento y complicidad hacia Sybil, quien en ese momento era más su amiga que analizante.
Esto, sumado al tratamiento preferencial, confirmaron indudablemente a Sybil la idea de que Wilbur la amaba, contribuyendo al vínculo incestuoso y por tanto al aumento de la culpa.
Para Sybil, “Satán”, “la serpiente” que había acechado durante su niñez, era una presencia muy viva, temiendo (o deseando) que entrase “reptando por la noche”. También pensaba que nada que hiciese serviría para impedir que él “se la llevase”.
Estas alusiones, claramente fálicas, refieren al deseo del padre. En el polo opuesto había un ángel con una espada de fuego que tras haber echado a Adán y Eva del jardín del Edén porque eran malos, amenazaba con echar a Sybil de su casa porque también era “mala”.
De pequeña pensaba que era una forma de castigo, obra de Satanás.
“Sybil –le dijo Vicky, una de las personalidades principales, a la Dra.– teme que si mejora, algo terrible sucederá. Es como si la serpiente fuera a atraparla de nuevo, a pesar de que la serpiente está perdiendo su nombre”.(29)
Por otra parte, la dificultad del histérico para habitar su cuerpo sexuado queda de manifiesto en el grado de restricción de Sybil, al punto de no poder tener relaciones sexuales con ningún hombre. ¿Por qué? ¿Para que la falta no falte o porque todas las figuras masculinas le representaban a su padre?.
Willard rehuía al contacto de los cuerpos y cada vez que ella se acercaba en busca de atención siempre la apartaba diciéndole: “ya eres demasiado mayor”.
Hay claramente una erotización del contacto en ese rechazo y ese decir ya eres demasiado mayor, que desnudaba un goce incestuoso... del padre y de la hija. Goce que se mostraba en esas escenas perversas (si es que realmente ocurrieron) donde los padres tenían relaciones, lo que seguramente despertó no pocos deseos en Sybil apreciándose en los delirios de Nancy Lou, Clara Dorsett y en los reiterados sueños.
Dos sueños más reafirman esto claramente: “Caminaba a través de una gigantesca casa, buscando a su padre, o en la misma casa, él la buscaba a ella, o ambos se buscaban el uno al otro. Iba de habitación en habitación en un frustrante registro, sabiendo que su padre estaba en algún lugar, pero sabiendo también que no podría hallarlo”.
“Unos hombres la perseguían con intenciones sexuales. Su padre no estaba allí para rescatarla. Continuaba la persecución y también la falta de rescate”.(30) No olvidemos el sueño en que el extraño que está observando por la ventana comenta: “se están apareando”, refiriéndose a ella y su padre.

El drama de lo imaginario
Para J. C. Maleval, la locura histérica tiene su origen en un déficit de la función especular, de la dimensión imaginaria (31). Los fenómenos patológicos surgirían sobre la base de la desestructuracion yoica, abarcando los trastornos de la representación del cuerpo, y se pueden localizar en la imagen del doble que no es reconocido como tal. La desestructuración yoica se encuentra en la base del delirio histérico de influencia y de posesión que sufre Sybil, como veíamos más arriba: “Esas otras me manejan, me poseen, me destruyen” y que se localiza en la imagen del doble que no es reconocido como tal y que puede encarnarse entre otras figuras en el diablo que tanto acosa a Sybil.
Freud ya planteaba en su trabajo “Lo ominoso”, que cuando el doble es proyectado fuera del yo, se puede producir un grado extraordinario de extrañamiento inquietante. Ese terror que cae como un rayo en el instante en que el sujeto cae en la cuenta de que “yo soy otro”.
El hecho de que Sybil se sintiera “poseída” por esas “otras”, que le han robado su pasado, indica un grado de extrañamiento de esos otros yo, produciéndose lo que Maleval llama la desidentificación, que implica una pérdida de los límites del yo, al punto que Sybil no tenía conocimiento de ellos hasta que los escuchó en las grabaciones, sintiendo que eso que al mismo tiempo le resultaba familiar, le era extraño. Al grado de que una de las personalidades principales, Peggy Lou, tiene la misma voz que la madre, la misma voz que la marcó desde un inicio cuando “Hattie, viendo a su hija por primera vez, comentó sombríamente: Es tan frágil, tengo miedo de que se pueda llegar a romper”(32).
El déficit de lo imaginario que provoca la fragmentación de los elementos del estadio del espejo se aprecia en su imposibilidad de verse al espejo. Hubo una falla en relación al gran Otro (la madre primordial) como apoyo en esa fase de constitución del yo, como sentenciaba la madre: “es tan frágil”.
A pesar del panorama sombrío, Wilbur logró llevar a Sybil por el camino de la desidentificación a la reidentificación yoica, logrando una remisión de los graves trastornos que la aquejaban. Sybil encontró en Wilbur eso que tanto estaba buscando, ese espejo de reconocimiento en donde mirarse, para lograr finalmente la “unidad”, y teniendo en cuenta que durante 42 años Sybil no se pudo mirar en el espejo, cabe preguntar entonces a qué le temía: ¿encontrar que el espejo le devuelva una imagen que no pueda identificarse, una imagen otra de ella, esa imagen de desconocimiento que está en la base misma de la formación del yo?
En ese sentido la pregunta que me hice y que ahora les hago a Uds. es: ¿esa multiplicidad de yoes realmente existían antes del análisis o fueron una creación producto de las intervenciones de la analista?
Me animaría a responder lo segundo; las técnicas utilizadas (hipnosis, pentotal, electroshock, etc.) y la posición en que se ubicó Wilbur sólo contribuyeron a exacerbar la gran sugestionabilidad de Sybil y fabricar esas personalidades, inducida por Wilbur.
Rescatando el paralelismo con el caso Ana O (Berta Papenheim), recordemos que Berta, luego de un mutismo prolongado, comienza a hablar lenguas extranjeras y que la comunicación entre ella y Breuer fue a partir de ese momento en inglés. Lo que ella sentía como un idioma entre dos, planteando la relación en términos más íntimos. Además le contaba a Breuer historias novelescas y románticas y Breuer picó el anzuelo, por lo que se le hizo un deber contarle una historia cada sesión, y cuando lo olvidaba pasaba todo el día de mal humor y a la sesión siguiente le contaba dos. Posteriormente luego del paseo con Breuer y su hija (que también se llamaba Berta), surgieron sus fantasías de embarazo que ahuyentaron a Breuer, quien se fue lejos... a tener un hijo con su mujer .¿Por qué? Porque éste era su deseo.
Ello muestra que el histérico es muy hábil para leer entre líneas y actuar según el deseo del Otro. Así también actuó Sybil para Wilbur a partir de aquel “¿Quién eres?” o “¿Hay más?”, marcándola con su propio deseo.

La novela familiar
El discurso histérico de Sybil y especialmente sus otros yoes, que son los que tienen los recuerdos, se inscriben claramente en la diacronía. En los fantasmas de Sybil, se ve como algo de lo generacional vuelve a ponerse en juego. No solo de su abuela a través de la pintura o la música a través de su madre, también de su abuelo, Mike Dorsett, ya que una de las personalidades varoniles toma su nombre. Esto último además nos muestra la identificación de la histérica con el falo y la culpa que le generaba ser una niña “mala”.
Teniendo en cuenta el fanatismo religioso(33) al cual fue sometida toda su niñez y adolescencia, era de esperar que algo de eso aflorara. Las personalidades de Marcia y Nancy Lou Ann Baldwin, con su delirio religioso, así lo atestiguan, llevando al extremo la castración imaginaria, como forma de preservar el deseo insatisfecho y el pleno goce.
Un buen ejemplo: luego de finalizado el análisis, Sybil estaba escribiendo un curriculum para una agencia de maestros a fines de conseguir trabajo. En ese momento los dedos se le entumecieron, luego los brazos y el cuerpo. Impedida de mantenerse en pie y retener el teléfono para pedir ayuda, su cuerpo inerte se desplomó golpeándose contra todo en el camino.

El deseo insatisfecho y la transferencia
No es casualidad que haya permanecido soltera y virgen durante tantos años. A pesar de haber tenido varios novios y dos propuestas de matrimonio, nunca tuvo sexo con ellos y nunca se casó. Se prendía la sirena de alerta que la hacía rechazar la proposición y salir huyendo. Insatisfecha, Sybil va con su queja dirigida a Wilbur, erigiéndola en amo y maestra, ostentando el saber.
El hecho de que Sybil pudiera disponer de otro sobre el cual descargar sus síntomas, y pudiera decir a través de este otro, le permitió hacer un giro en relación a su demanda, y establecer la neurosis de transferencia o el Sujeto supuesto Saber en Wilbur; esos otros yoes entran en la transferencia y así en el análisis.
En este sentido, tomando en cuenta el lugar que ocupó Wilbur para Sybil, y a la luz del estadio del espejo, se puede suponer que en la mirada fascinada de Wilbur se haya producido una reunificación de las partes.
¿Podemos hablar entonces de una cura producto del amor de transferencia? Yo creo que sí.
Creo que de alguna manera las “Personalidades múltiples” tenían que ver con el propio deseo de Wilbur. O acaso no es eso lo que se juega al hacerle escuchar horas y horas de grabaciones de esas supuestas personalidades, para ver de qué forma reaccionaba Sybil.
Con respecto a la transferencia Wilbur en relación a la demanda de Sybil, no pudo ocupar su posición en A, como Otro y desde el lugar de otro pequeño, de semejante, ubicado en el lugar del significante amo, en una relación especular marcó con su deseo a Sybil.
¿Qué hizo Wilbur con esa demanda? No la pudo articular y de esa forma liberar el discurso de Sybil en relación a la regla fundamental, ya que ésta estaba “obligada”, demandada por la analista, invirtiéndose la demanda y floreciendo los síntomas que eran esa multitud de yoes desdoblados.
El fantasma en juego que tiene efecto de demanda es el deseo de darle a Wilbur “otra personalidad” o las historias de perversiones que “sufrió” durante la infancia.
Se ve como Sybil, fue incapaz de barrar al Otro, de sacarlo de ese lugar omnipotente, de amo, de maestra. Es incapaz de apoderarse de ese objeto que se recorta en el Otro, y por tanto no logró nunca salir del lugar de analizante. Hubo efectos terapéuticos que permitieron la finalización del tratamiento, pero no hubo fin de análisis.

Notas

1. Trabajo presentado en las Jornadas Internas de la Escuela Freudiana de Montevideo, en el marco del Curso “Los rostros de la transferencia”, el 13 de diciembre de 2003. Versión ampliada.
2. Freud, Sigmund. O. C. T. XIX. Ed. Amorrortu. Pag. 73.
3. Schreiber, F. R. (1974). “Sybil”. Ed. Pomaire. Barcelona.
4. Para quienes la quieran ver: “Una adolescente perturbada”, protagonizada por Sally Fields.
5. Schreiber, F. R. (1974). “Sybil”. Ed. Pomaire. Barcelona. Pag. 169
6. Ibid pag. 170
7. Ibid pags. 171-2
8. Ibid pag. 58
9. Ibid pags. 58-59
10. Este desconocimiento por parte de la analista, trae sus consecuencias, y abre el camino hacia la desidentificación.
11. Schreiber, F. R. (1974). “Sybil”. Ed. Pomaire. Barcelona. Pag. 62
12. Ibid pag. 63
13. Ibid pag. 65
14. Ibid pags. 89-90
15. Ibid pags. 113-114
16. Ibid pag. 297
17. Ibid pag. 275
18. Ibid pag. 275
19. Ibid pag. 106
20. Ibid pag. 108
21. bid pag. 296
22. Ibid pags. 365-366, el sueño completo es muy interesante.
23. Ibid pag. 367
24. Ibid pag. 285
25. Ibid pags. 394-395
26. Ibid pag. 396
27. Según el Psiquiatra e historiador Peter M. Swales, su verdadero nombre fue Shirley Ardell Mason (1923-1998) hija de Walter Mason y Martha Hageman. Falleció a los 75 años de cáncer de seno.
28. Schreiber, F. R. (1974). “Sybil”. Ed. Pomaire. Barcelona. Pag. 282
29. Ibid pag. 260
30. Ibid pags. 226-227
31. Maleval, J. C. (1996). “El delirio histerico no es un delirio disociado” en Locuras histéricas y psicosis disociativas. Ed. Paidos, Bs. As
32. Schreiber, F. R. (1974). “Sybil”. Ed. Pomaire. Barcelona. 123
33. En su familia eran devotos de la “Iglesia Adventista del séptimo día”.

Bibliografía consultada
Freud, S. “Estudios sobre la Histeria” en O. C. T. II. Ed. Amorrortu. Bs. As.
Freud, S. (1979). “Lo Siniestro” en O. C. T. XVII. Ed. Paidos, Bs.As.
Lacan, J. (1989). Escritos I, Ed. Siglo Veintiuno, Bs.As.
Lacan, J. (1975). Seminario I. Ed. Paidos, Bs.As.
Maleval, J. C. (1996). Locuras histéricas y psicosis disociativas. Ed. Paidos, Bs. As.
Schreiber, F. R. (1974). Sybil. Ed. Pomaire. Barcelona.

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